Teresa Monsegur - Arte del Movimiento - Artículos




¡OH, ASSEMBLÉ!

Loa admirativa- irónica






Mi obsesión por el assemblé es de largo tiempo... podría decirse que ya se halla firmemente enraizada en mis terrores nocturnos.

Siempre he intentado encontrar la mística del assemblé.

Remontando mi experiencia con este cactus en el camino de todo bailarín, he encontrado que, este áspero y pesado movimiento entraña un esfuerzo inútil, y como todo esfuerzo inútil, banal.
Se pretende la liviandad de este gesto contradictorio: se eleva una pierna y se cae sobre las dos, como si esto fuera poco, y a causa de esta liviandad establecida, el acento debe ser arriba, en el aire, en el preciso-precioso instante de desesperación e impotencia por la percepción clara de su "efimeridad".

Son muchos los partidarios del assemblé repartidos por el mundo.

Es una verdad ampliamente conocida; cualquier partidario se vuelve susceptible, cuando sus creencias no son susceptibles de cambio.

Cambio que quiere decir: discusión, análisis o crítica.

!El assemblé tendría que tener el poder de autocriticarse!
¡Sólo los que son capaces de una crítica cruel y despiadada, son los iluminados por las estrellas!
Pero el assemblé es prácticamente incapaz de tales logros; tomaré entonces yo la palabra, en nombre de todos aquellos que se esfuerzan vanamente, porque vano es todo esfuerzo sin finalidad, es decir, sin claridad.

El assemblé es un movimiento contra natura. No pretende una elevación, una lucha noble contra esa ley que descubrió Newton.

Si de verdad quisiera luchar no usaría esa estúpida estrategia de elevar una pierna para caer en dos. ¿Qué pretende el assemblé?

Parece, parece, que no se trata entonces de una lucha contra la gravedad a campo abierto. Utiliza artimañas para dificultar esa lucha: utiliza una pierna y luego dos.

¿Puede ser que lo que pretenda sea una especie de contienda, como aquellos nobles caballeros que, con la mano atada, dan ventaja a los que consideran inferiores en habilidades?

Pero... ¿a quién dificulta el assemblé?

Se dificulta, parece ser a sí mismo, a su propia persona. ¿Lucha consigo mismo? ¿Es acaso un luchador de sí mismo?

Entonces... ¿porqué ese aire de angelical bonanza del que se encuentra en esa atroz dificultad? ¿Es que acaso esa pobre persona en trance de elevación mediocre de una pierna y luego dos, tiene tanto (talento, fuerza y demás) que le sobra y puede ir por ahí, derrochando assemblés a troche y moche?

Me recuerda... recuerda algo, recuerda la imagen brumosa y lejana de un rico aristócrata soltando monedas por la ventanilla de su coche en movimiento tirado por hermosos caballos.
Algo así como:
- A mí, esto que doy tan generosamente, no me cuesta nada. - Tomad, villanos. ¡Tomad!
Me pregunto... ¿cuándo es que el assemblé tomó ese aire lánguido de aquél al que le sobra?... ¿de aquél que no ejecuta ningún esfuerzo?...

¡La noble dificultad!

Arriba en las montañas nacieron saltos, saltos para ir más arriba en las montañas, hacia el cielo. Hermosos saltos de lucha para vivir.

Saltos a los que no les molesta demostrar su esfuerzo, y en los que las habilidades y las destrezas son habilidades y son destrezas...
Los saltos, saltando llegaron a las cortes.
En el preciso instante en que los nobles, damas y caballeros, se habían comenzado a aburrir.

Cuando en los grandes salones, la moda de asesinar con cierto arte a sus amigos y familiares pasa de moda, es decir, se pone fuera de la ley, y las modas de la corte, como boas fantasmales se comen a sí mismas, y las pelucas muestran tendencias elefantiásicas,
y ya no saben qué diablos inventar...

En esos momentos, atardeceres de últimos de verano, los nobles, caballeros y damas, copian todo lo que ven, copian hasta de esos pobres patanes, bajados de algún cerro soñador.

Copian ese salto, esa habilidad pensada también para encantar a alguna moza guapa que pasaba por ahí.
Lo copian depravadamente ; y, como todavía olía a bosques y a vacas, pretenden espiritualizarlo,
dándole un aire sutil y sublime,
un aire esférico y soñador
un aire elegante y aristocrático,
y lo llaman: assemblé.

Y el assemblé, como tantos compañeros suyos, nacidos de una última tarde bochornosa de verano, prosigue su camino, sin percatarse de que llega el otoño con unas grandes tormentas que limpian el aire y le devuelven el olor a bosques y a vacas.

Pero... ¿Qué es lo que es contra natura?, ¡oh!... ¡assemblé!
¿Es tu pequeña trampa de hacedor de habilidades encantadas y casi secretas?

¿Es tu propuesta de dificultad para llegar un poco más alto?, (tan alto como un brazo estirado encima de la cabeza... quizás).

Pero... ¿quién toma encima de sus piernas la determinación de saltarte?
Y... ¿para qué te saltan?, ¿qué acción pretenden con ello?
¿Buscarse en las dificultades quizás?
¿O enamorar?
¿Saltar más que otros?
¿O enamorar?
¿O enamorarse?
¿Ir hacia el cielo, pero asegurarse que vuelven, que siguen perteneciendo a la tierra?

Y hay todas las preguntas más.

Assembler (del francés): juntar - reunir - congregar - convocar.

Teresa Monsegur
Barcelona, 1 5 de diciembre, 1981


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