Teresa Monsegur - Arte del Movimiento - Artículos
 


Práctica y teoría del trabajo coreográfico.
La coreografía con los niños.




En la práctica escolar, muchas veces necesitamos estructurar el movimiento de los niños para que el trabajo corporal se muestre a un público compuesto generalmente por padres, familiares y amigos. Resulta evidente que el profesor es la mirada externa que se encuentra en el lugar indicado para sacar el mejor partido posible de los inventos, de la libre investigación, expresión e imaginación de los niños.




Si estamos de acuerdo que el trabajo en el movimiento cumple la función de enriquecer la comunicación, el hecho de moverse deliberadamente propone la dialéctica entre el conocerse a sí mismo y el diálogo fértil con el otro. Esa comunicación, como cualquier cosa hecha por los humanos, tiene forma. Unas formas que en la danza existen en dos dimensiones: el tiempo y el espacio. La utilización consciente de estas dos dimensiones configuran el trabajo coreográfico.

Toda utilización del tiempo y el espacio es expresiva. En la vida diaria y en la vida de relación nos ajustamos constantemente, y generalmente de manera inconsciente, a unos patrones -no escritos- que determinan nuestra cultura, nuestra situación social y el modo con que habitamos nuestro cuerpo. Para producir un trabajo coreográfico hemos de trabajar con esos patrones o salirnos voluntariamente de ellos.




¿Qué se expresa con el movimiento lento cuando es liviano y cuando es pesado, cuando está sucediendo en el centro, adelante, atrás, a la derecha o a la izquierda del espectador?

¿Que ocurre cuando una línea de bailarines avanza de derecha a izquierda y de atrás adelante y qué, cuando es al revés?

¿Qué es más fuerte: estar adelante o estar atrás? ¿y de qué depende?

En realidad: ¿Cómo es nuestra percepción, cómo funciona?




Cuando vemos un movimiento o secuencia existe una empatía cinética (en esta empatía también se basan varias técnicas de rehabilitación) , en esto se basa la atracción que ejercen en los espectadores los deportes y todos los juegos de destreza: revivimos en nuestro cuerpo las sensaciones que conocemos, aunque sea de forma muy elemental, de esfuerzo, velocidad, flexibilidad, etc. Si lo observamos desde ésta óptica comprendemos la atracción que ejercen las acciones deportivas que están auténticamente comprometidas en conseguir un objetivo (ganar) y entendemos también la maravillosa lección de actuación que nos dejó Chaplin cuando actúa como un mal payaso que no cree en lo que hace, que no está en lo que hace y que, debido a esto, no logra hacer reír a nadie.




Éstos son algunos de los puntos que precisa desarrollar el coreógrafo:

  • Lograr que los bailarines estén presentes "de cuerpo entero". Interesados y sabios.
  • Lograr que el lugar y el nivel que ocupan o por el que transcurren en el escenario sea el más elocuente para lo que se intenta transmitir.
  • Lograr que los gestos sean justo éstos, en éste momento y en éste espacio, y que sean el producto del más depurado destilado de la poesía corporal.


Asuntos muy difíciles todos y que no son en absoluto diferentes si se trabaja con adultos o con niños
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