| Teresa Monsegur - Arte del Movimiento - Artículos |
HACER MANZANAS
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Teatro es una posibilidad para comprender. Imitando los gestos logramos desenmarañar situaciones que nos resultan incomprensibles. Encontrando el gesto preciso clarificamos un momento que teníamos oscuro. Y, lo inverso: si emprendemos una acción conocida, o si comprendemos una acción, el gesto otra vez, seguramente será preciso. Entonces... hay que conocer la acción y hay que conocer el gesto, las dos puntas del hilo; nos equilibramos en el medio. Los humanos construyen sus instrumentos a su imagen y semejanza, aprenden el mundo y lo transforman teniendo como modelo el primer instrumento: su propio cuerpo. El funcionamiento de cualquier técnica expresa el grado de conocimiento alcanzado por la sociedad en cada época. También la enseñanza de una técnica evidencia los mecanismos del conocimiento aceptados culturalmente, y juzgados como los más importantes de cada período histórico. El desarrollo de la técnica del movimiento corporal tal como la conocemos, está determinada por un principio racionalista de la era industrial. Aquello que se transmite como lo óptimo en el movimiento es el poder conseguir levantar un talón, por ejemplo, en perfecto sincronismo con la música: esto es "el poder". Levantar talón derecho y contar un, dos, tres, adelante, atrás; tal movimiento, tal otro, arriba, estírese!... Una inmensa llanura, plegada de señales indicativas. Estamos limitados a desarrollar unos mecanismos que sirven para determinados fines en una sociedad que los exige como valores de cambio y que determina exactamente su utilización. La mecanización de un movimiento para su mayor limpieza, perfección, efectividad, sólo hace crecer la sensación profunda de frustración, de quien no puede adueñarse de él y, al poder hacerlo propio trabajar con él. El momento en que el gesto nos compromete, la realidad estará expresada ahí, ese gesto nos sirve para comprender.
Al llegar a una sociedad movida por computadoras, energía nuclear, etc., técnicas cada vez más alejadas de nuestra realidad evidente, es preciso, entonces que la realidad y el cuerpo consiguientemente se expandan, si es que queremos salvarnos de la enajenación de movernos en un mundo del que desconocemos sus mecanismos. Todo tipo de comunicación nació de la necesidad de transmitir las experiencias que permitieran una mayor posibilidad de sobrevivir. Es por esto que la experiencia que se comunica necesita de una expresión precisa. El proceso del trabajo es la aclaración objetiva y subjetiva de la acción dramática; pues el aprender algo no se compone sólo de los diferentes funcionamientos técnicos, sino del entrelazamiento de dichos conocimientos técnicos con la posibilidad verdadera de comunicación con la sociedad en que se vive. El actor-bailarín ampliará su mirada hacia la totalidad de su función y hacia su relación, propia y única, con la técnica y con lo que ésta proyecta. Si hemos de actuar manzanas, pintaremos manzanas en el aire. La perfección de las manzanas, la perfección de nuestra imagen de las manzanas... descubriendo su secreto.
Teresa
Monsegur |
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